13 diciembre 2006

EL TEATRO ES UN MURO DE CONTENCIÓN: ERNESTO RAMÍREZ

EL TEATRO ES UN MURO DE CONTENCIÓN: ERNESTO RAMÍREZ

Por: Felipe Chávez Gutiérrez / www.carretaca.blogspot.com


Esta es una conversación por pedazos con Ernesto Ramírez director del Teatro Experimental de Fontibón, en sus 26 años:

Veo a Ernesto Ramírez con un antifaz rojo de nariz larga pero no logro diferenciar si es una exageración de la odena o le calza exactamente al rostro, los gestos de su cuerpo menean una truza azul al compás de la cumbia que interpreta, al terminar en la trompeta casi sin respirar integra su voz al coro que conforman los otros cinco comediantes… Estamos con unos treinta actores de cinco grupos diferentes en un comparsa pregón en la localidad de Puente Aranda, informando de manera festiva que se avecina el Carnaval de Bogotá el próximo seis de agosto. Me cuenta que su primer contacto con el teatro fue por allá a los 16 años en una obra del TPB “La primera independencia”, que eso lo marcó para siempre pues ese era el teatro que se debería seguir haciendo. Recuerda a los actores de ese tiempo y al narrar como cada día por falta de financiación se acaban proyectos teatrales importantes, con un gesto amargo simplemente dice: “Lástima”.

Una tarde entre semana por casualidad encuentro a Ernesto sacando las fotocopias del informe de un proyecto para el Ministerio de Cultura, entiendo que brinca del escenario a la gestión, del aplauso a la formulación. Me cuenta que el Teatro Experimental de Fontibón TEF nació de la carreta política en el Colegio Costa Rica, no esconde pero tampoco muestra con falso orgullo que en ese tiempo hacían actividades culturales con el M19 para conseguir apoyos para Nicaragua y El Salvador, que eran como 40 personas con mucha teoría política y que algunos creían que no iban a perdurar pero veintiséis años después el TEF sigue trabajando. Me cuenta: “Cada cinco año hemos tenido una generación de actores y camelladores, pero la mejor, la mas comprometida es la actual, a los otros no sé… uno es revolucionario hasta los veintitrés años, después se lo como la sociedad… el TEF debe ayudar a profesionalizar esta generación y allí acabará el cuento”. Sin percatarse, evidencia las contradicciones de su escepticismo y su esperanza cuando dice: “El trabajo político nos endureció y por eso persistimos, la gente necesita del teatro”.

Ahora estamos en la localidad de Santa Fé en otra comparsa de pregón, mientras preparamos el vestuario le pregunto por sus influencias, sin vacilar nombra al Teatro Odin y el maestro Eugenio Barba, en la literatura a Thomas Mann y los rusos Tolstoi y Dostoievski. Reflexiona sobre el divorcio de las artes: “Como en todas las profesiones cada uno coge por su lado, pero yo creo que las cosas se pueden vincular, creo que el actor debe ser integral en el teatro, la danza, la música, la literatura y la plástica”. Me cuenta que ese criterio lo llevó a estudiar en las escuelas del Distrito antes que existiera la ASAB; Teatro en la Escuela Luis Enrique Osorio, música en la Academia Luis A. Calvo, que la danza folclórica y el Ballet le ayudaron a disciplinar el cuerpo y tal vez por eso su investigación va hacia el teatro del cuerpo, a explorar el cuerpo como herramienta expresiva en las condiciones adversas de la calle y termina diciendo: “Nuestro trabajo ha sido para aportarle al teatro de calle, desde el teatro gestual, desde la presencia escénica y eso requiere disciplina en la formación; estudié Lingüística y Literatura en la Universidad Distrital pero no para ser profesor de español, sino para preguntarme la pedagogía en el teatro”.

Hoy domingo, Ernesto está manejando el colectivo blanco donde se pasean lo corotos del TEF, después de recoger andamios y otros enceres de una Feria de Teatro Callejero en el Parque Nacional donde un gran público acompañó las cinco funciones de la tarde, entre los chistes de la charla y el cansancio de la jornada nos plantea: “Así como ahora los médicos no tienen pacientes si no clientes; nosotros somos solo un engranaje de la comunicación; mientras los medios masivos generan tanta información que por lo volátil se vuelve basura y nos deja sin memoria; el teatro es una apuesta al encuentro afectivo, al calor del sentimiento y a la memoria colectiva. Mientras la televisión es entretenimiento aburridor, el teatro sirve para maravillarse, para encontrarse con el otro, para amarse y eso lo hace irremplazable”.

Ernesto Ramírez, nacido el 8 de marzo de 1960, ahora con chaleco, casco y guantes; con la ironía de siempre me dice: “Vivimos en el oscurantismo, no se si es por la coca cola, el Internet, el reggaeton o el Pibe Valderrama que no nos dejan ver mas allá. El teatro en cambio, si tiene alguna utilidad, sirve para transformar la propia vida y en ese sentido a transformar la realidad. El teatro es un muro de contención para no irnos a la banalidad, al fútbol o la televisión”… Al alejarse en la moto y dejarme con otro pedazo de conversación inconcluso veo a un director teatral que sigue estudiando, a un agitador político con visos de escepticismo, a un creativo de carcajada amplia, a un líder comunitario que se quemó en un proceso electoral, a un ser humano con una sensibilidad que le hace temblar la voz cuando habla de los veintiséis años de historia del TEF y no la puede separar de su historia personal…

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